La historia

El espacio de libertad

 

El Cau del Llop se mantiene como un símbolo y desde el año 1979 demuestra la voluntad de unos pioneros que abrieron un local en un barrio degradado porque creían que había otra manera de entender la noche

Pau Lanao / Carme Vinyoles

El Cau del Llop, girona
Los fundadores del Cau del Llop con su relevo, celebrando el 25 Aniversario.

La historia cuenta que todo comenzó el 10 de mayo de 1979, cuando Carlos Novell y Albert Presas decidieron abrir un bar diferente y eligieron una vieja cuadra de la calle de Sacsimort, lugar de ladrones y prostitutas con fama reconocida desde 1889 donde, según el Diario de Gerona, se refugiaban los individuos de clase y condición complicada.

Para Albert y Carlos, que habían restaurado el local a pocos metros del Pozo Redondo, (donde el Vedette, el bar Lina o el Bar Paco proponían noches de sexo miserable) la idea era servir copas y dar algo para comer. Pero ya fuera porque encendían la chimenea (elemento fundamental y definitorio) o bien porque los intelectuales, artistas, políticos, trabajadores o estudiantes se sentían bien entre las paredes angulosas que ofrecían refugio y ociosidad, lo que debía ser un experimento se transformó en una alternativa y fue cuando Albert y Carlos decidieron abandonar la barraca.

El 20 de marzo de 1986, los propietarios del Cau dejaron las riendas del negocio a dos clientes, Albert Vila y Quico Calero, que alquilaron el establecimiento y luego se quedaron. La nueva pareja tenía las ideas claras. Era necesario que el Cau continuara siendo el refugio de la gente inconformista y contestataria, pero aumentaron en la oferta gastronómica y fue cuando las copas quedaron en segundo término y, poco a poco, al tiempo que se mantenían las tostadas que los mismos clientes se hacían en la chimenea, incorporaron los embutidos y, sobre todo, las tortillas, que se convirtieron en una de sus señas de identidad. El ambiente cálido y reconfortante no se rompió ni cuando la muerte de Escolástico Calero Jiménez-más conocido como Quico del Cau, miembro de la Asociación Catalana de Sumilleres definido por sus compañeros como un gran entendido en gastronomía, preocupado por el buen comer y el buen beber, trajo consigo unos tiempos de melancolía que afortunadamente se superaron.

El Cau continuó siendo espacio de encuentro para hombres y mujeres anónimas, pero en sus mesas también se han sentado personajes de renombre: músicos como Josep Thió, Quico Pi de la Serra, Nina o Adrià Puntí, el director de cine José Luis Nunes o pintores como Enrique Marqués o Modest Cuixart. Se han formado parejas y se han creado grupos de amigos, surgió la orquesta Acuarela y alguna iniciativa ciudadana. Más que el propietario de un restaurante, Albert Vila se convirtió en un amigo para los clientes, y cuando el local cumplió 25 años y él anunció que dejaba la barra, fueron los clientes quienes le animaron a hacer un cena en la Torre de Can Roca, donde invitó 550 personas que le quisieron agradecer la dedicación y la solidaridad mostrada a lo largo de la vida del local. Ángel Ayats hizo el cartel conmemorativo, Quim Coromines, 250 serigrafías y Pere Vicens hizo esculturas de hierro y madera. Fue una despedida digna para un activista cansado que encontró el relevo en una joven animosa y valiente, Montse Soler.

El 13 de enero de 2005 comenzó una nueva etapa, Montse tomó las riendas del local. Lo hizo después de que Alberto le pusiera una sola condición: “que el primer año mantuviera su rollo, o sea, las tortillas, los embutidos, las tostadas.” Fue una palabra que aguantó entre seis y ocho meses, pero luego, al ver que lentamente se producía un cambio generacional, introdujo nuevos platos como el hummus, ensaladas, el cuscús, y vivió los tres primeros años que define como excitantes: “en ese momento el casco antiguo aún era el Barrio viejo, no nos había invadido el diseño y el Cau estaba integrado como un elemento singular en el paisaje urbano. “Hoy, cuando en la zona, restaurada y orientada al turismo ya no hay tugurios y las prostitutas han dejado la batalla diaria, la gente del Cau quiere continuar en la misma línea..

El 31 de marzo de 2013 se produce una parada en el camino, Montse Soler deja el Cau por dedicarse a una de sus pasiones: la cocina y decide explorar nuevos caminos. Para Albert, alma y propietario del Cau del Llop, no era fácil encontrar una sucesión que permitiera mantener viva toda la esencia y continuar una historia de más de treinta años de actividad y las circunstancias del destino, hicieron que un viejo conocido, amigo, cliente y enamorado del Cau apareciera en escena para cerrar el acuerdo con Albert y tomar el relevo y las riendas de esta nueva etapa del Cau del Llop.

Àngel Ayats, Maricarmen Gómez, El Cau del Llop
Àngel y Maricarmen, brindando por la nueva etapa del Cau.

El 2 de mayo de 2013, el Cau del Llop emprende el nuevo viaje con Ángel Ayats y Maricarmen Gómez al frente de la gestión del negocio. El objetivo de la pareja, en el transcurso de esta nueva etapa, será el de recuperar su espíritu y llevar al Cau a ser ese punto de encuentro que todos en algún momento hemos sentido como nuestro, un lugar donde la filosofía sea la pasión por la buena mesa y todo lo que le rodea, amistad, intercambio, música, placer, satisfacción, sensaciones y descubrimientos, todo para que el Cau del Llop pueda seguir siendo el mismo espacio de libertad.